[En italiano]
1. «Veni, creator Spiritus!»
Desde toda la Iglesia, en la solemnidad de Pentecostés, se eleva unánimemente
este canto: «Veni, creator Spiritus!». El Cuerpo místico de Cristo, esparcido
por toda la tierra, invoca al Espíritu del que recibe la vida, el Soplo vital
que alienta su ser y su actuar.
Las antífonas de los Salmos nos han recordado hace unos momentos cómo fue la
experiencia de los discípulos en el Cenáculo: «Al llegar Pentecostés, cincuenta
días después de Pascua, todos se reunieron» (primera antífona). «Lenguas de
fuego se posaron sobre cada uno de los apóstoles: El Espíritu de Dios se
aparecía en el mundo» (segunda antífona).
Nosotros revivimos también esa misma experiencia espiritual en esta plaza,
convertida en un gran Cenáculo. Y, como nosotros, innumerables comunidades
diocesanas y parroquiales, asociaciones, movimientos y grupos en todas las
partes del mundo elevan al Cielo la invocación común: ¡Ven, Espíritu Santo!
2. Saludo a los señores cardenales y a los demás prelados y sacerdotes
presentes. Os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que habéis
venido para participar en esta sugerente celebración.
Dirijo ahora mi pensamiento a los numerosos jóvenes que desde Lednica, en
Polonia, se han unido a nosotros a través de la radio y de la televisión.
[En polaco]
Desde la plaza de San Pedro dirijo mi cordial saludo a los jóvenes reunidos en
la vigilia de oración en Lednica. Rezo con vosotros, queridos amigos, por el
don del Espíritu Santo. Que el Consolador, el Espíritu de Verdad, os llene del
amor de Cristo, a quien confiáis vuestro futuro. Os bendigo de corazón.
[En italiano]
3. Saludo de manera especial a los miembros de la Renovación en el Espíritu,
una de las expresiones de la gran familia del movimiento carismático católico.
Gracias al movimiento carismático, muchos cristianos, hombres y mujeres,
jóvenes y adultos, han redescubierto Pentecostés como realidad viva y presente
en su existencia cotidiana. Deseo que la espiritualidad de Pentecostés se difunda
en la Iglesia, como empuje renovado de oración, de santidad, de comunión y de
anuncio.
Aliento en este sentido la iniciativa denominada «Zarza ardiente», promovida
por la Renovación en el Espíritu. Se trata de una adoración incesante, día y
noche, ante el santísimo Sacramento; una invitación a los fieles a «regresar al
Cenáculo» para que, unidos en la contemplación del Misterio eucarístico,
intercedan por la unidad plena de los cristianos y por la conversión de los
pecadores. Deseo de corazón que esta iniciativa les lleve a muchos a
redescubrir los dones del Espíritu, que en Pentecostés tienen su manantial.
4. ¡Queridos hermanos y hermanas! La celebración de esta tarde me recuerda el
memorable encuentro con los movimientos eclesiales y con las nuevas comunidades
de la vigilia de Pentecostés de hace seis años. Fue una manifestación
extraordinaria de la unidad de la Iglesia, en la riqueza y variedad de los
carismas, que el Espíritu Santo infunde en abundancia. Repito con fuerza lo que
dije en aquella ocasión: los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades
son una «respuesta providencial», «suscitada por el Espíritu Santo» a la
necesidad actual de nueva evangelización, para la que se necesitan
«personalidades cristianas maduras» y «comunidades cristianas vivas» (Cf.
«Insegnamenti» XXI, 1 [1998], p. 1123).
Por este motivo, también os digo a vosotros: «¡Abríos con docilidad a los dones
del Espíritu Santo! ¡Acoged con gratitud y obediencia los carismas que el
Espíritu no deja de ofrecer! ¡No os olvidéis que todo carisma es ofrecido para
el bien común, es decir, para beneficio de toda la Iglesia!» (ibídem, p. 1122).
5. «Veni, Sancte Spiritus!».
Entre nosotros, con las manos elevadas, está orando la Virgen, Madre de Cristo
y de la Iglesia. Imploremos junto a ella y acojamos el don del Espíritu Santo,
luz de verdad, fuerza de auténtica paz. Lo hacemos con las palabras de la
antífona al «Magnificat» que luego cantaremos: «Ven, Espíritu Santo, llena los
corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor: tú que, en la
variedad de las lenguas humanas, reúnes a los pueblos en la única fe, aleluya».
«Sancte Spiritus, veni!»
[Traducción del original en polaco e italiano realizada por Zenit]
ZS04053004